No voy a contar nada nuevo sobre este vídeo. Por todos es de sobra conocido el asunto: un joven entra en un vagón de metro y sin motivo ni razón aparente, le pega una pequeña palizaa una menor de origen ecuatoriano. Una agresión a un menor agravada por el racismo. La gredida le denuncia, el juez investiga el caso y deja en libertad con cargos al agresor. No es la primera vez, ni será la última que la justicia falla o no funciona como nos gustaría y el agresor sale impune. Se ha visto en casos más graves.

Ahora comienza lo bueno: una agresión menor (agresión al fin y al cabo, pero el agresor no llega a romperle ningún hueso, hacer sangrar, arrastra por los cabellos o quema a la victima, como se ha visto en otras ocasiones) pone en pie al ministro del Interior, a la ministra de Exteriores ecuatoriana, Maria Fernanada Espinosa, que se ha trasladado al conulado de ecuador en Barcelona para seguir de cerca el caso; al jefe de la oposición mariano Rajoy (como no) y hasta ha creado una pequeña crisis en el Consejo general del Poder Judicial, que estaba en vías de renovación. Toda España se ha movilizado por la agresión del metro de Barccelona.

Una movilización de las autoridades que merece todos los respetos y felicitaciones. Es loable ver que los representantes del pueblo se desviven por asistir a una ciudadana deun pais extranjero y castigar al ciudadano que ha incumplido las leyes y se ha comportado como un salvaje racista. Pero....¿Acaso no hay cierto olorcillo electoral en el aire? En mi opinión, si este suceso hubiera ocurrido un año antes, me temo que ni el gobierno ni la oposición se hubieran volcado tan rápidamente en el caso. Hubiera ocupado unos minutos en nuestros telediarios, habria levantado algún comentario del alcalde de Barcelona (a lo sumo) y se habría hundido en el mar de historias de violencia que todos los dias salpican los informativos.

Pero claro, este es año de elecciones y toda oportunidad es buena para mostrarse como gobernantes firmes y responsables, y poder pedir dentro de unos meses otros cuatro años par acontinuar con la labor iniciada, y por si acaso, hay que anotarse algunos tantos mientras queda partido, por eso se van inaugurando tramos de autovía (por fin parece que se va a acabar la de Ourense-Santiago), se mete prisa en el AVE (unos cuantos agujeritos hay que taparlos rápido); se aprueban los últimos decretitos (que si el cmbio climático por un lado, que si l 0,7% del PIB a investigación y desarrollo, que si la ley de la memoria histórica....). La cosa es dar las últimas piceladas mientras quede tiempo para mantener esos cómodos sillocitos ministeriales otros cuatro añazos.
Por eso se vuelcan tanto con el mínimo incidente, por eso buscan estar cercanos al ciudadano, por eso se quieren terminar obras públicas a tiempo y por eso se trata de favorecer a los socios de gobierno con los últimos decretos, para dejar el campo lo mejor desbrozado posible de cara a las próximas citas electorales.
Y si hay que quejarse por una agresión en el metro de Barcelona a una menor y alguien tiene que ir a la cárcel para que todos los políticos queden bien !Qué mas da¡
Impresionate, ¿No les parece?