Este es, cn toda seguridad, el primero de mis cuentos que ve la luz en mi blog. Es un paso previo qu he dadoal leer blogs como Luna19 o Mariposas y paréntesis. Espero que os guste:

Allí, a lo lejos, el peregrino pudo avistar la aldea entre la suave nevada que empezaba a caer.Se echó encima el capote y apretó el paso, pues empezaba a anochecer y el frío, que hasta el momento no había sido excesivo, empezaba a hacerse notar.

Cuando entró en la aldea, le sorprendió ver que, a pesar de la nevada, todos los habitantes estaban alegres y relizaban todas las tareas como si la nieve y el frío no existieran, y además, trabajaban cantando. Techaban las casas, conducían los rebaños, empujaban y dirigían carros y carretillas cantando. En ese momento sonaba la misma serenata por toda la calle principal: una canción sobre la primavera.

Indicado por uno de los habitantes, entró en la posada y alquiló una habitación . Se instaló, se lavó y se cambió de ropa. Bajó entonces al salón para conocer el carácter de los aldeanos.Ya había algunos sentados alrededor del hogar. El peregrino no pudo dejar de observar que seguían cantando. Ahora se trataba de una canción de pescadores. Tras saborear una deliciosa tarta de arándanos, se sentó alrededor del fuego con los parroquianos. Se enteró entonces de que en esa aldea era tradición realizar las tareas cantando. Es más, cada aldeano tenía su canción favorita y en las noches de farra era costumbre que cada uno cantara “su” canción. También había canciones que pertenecían a familias cuyos antepasados cantaban hace generaciones; que se podía identificar a miembros de una familia por las canciones que cantaban y que, cuando alguien desafiaba a otro, tenían que cantar la canción más bonita delante de un jurado .”Así son”, le dijeron,”las cosas en este pueblo. Todos somos felices cantando”.

Un poco más tarde, un personaje entró en la posada, se despojó del abrigo y se sentó un poco apartado del grupo. Pidió una pinta y se quedó silencioso en su rincón observando a los habitantes tras desearles buenas noches.

-¿Quién es?- Preguntó el peregrino

-Ese- Le contestó un parroquiano- Es Tom Sin Canción. El único habitante de nuestro pueblo que no canta ni cuando trabaja ni cuando descansa. Tolera las canciones a su alrededor y felicita a los grandes compositores, pero no canta nunca.

El peregrino se quedó extrañado. Se acercó a Tom y se presentó como una persona rumbo a Santiago para darle el conocidísimo abrazo al apóstol. Tom le deseó suerte en su camino, pero le indicó que no podría reanudar su viaje hasta unos días después por la borrasca.Aprovechó el peregrino para conocer mejor a Tom Sin Canción. Le sorprendió muchísimo que, a pesar de su carácter amable, la gente murmuraba a sus espaldas por no cantar o tener una canción propia.

Un día, mientras ambos ya convertidos en grandes amigos volvían del molino, fueron atacados por los lobos. El peregrino salió malherido por las dentelladas, Tom murió por las heridas dos días después. Antes de morir, reveló al peregrino dónde guardaba un libro que quería que tuviera por ser la única persona que le comprendía. Tras el entierro y los cantos fúnebres, el peregrino se dirigió al lugar y desenterró un grueso libro. Lo abrió y leyó en la primera página:

“Durante mucho tiempo he sido mal considerado por no tener una canción propia. Mi disculpa para con mi pueblo es este manuscrito donde están todas las canciones del pueblo, antiguas y actuales. Consérvalo bien si cae en tus manos porque esta es la historia de un pueblo pequeño, desconocido, pero orgulloso de su legado” y estaba firmado por “Tom Sin Canción”.

El peregrino contuvo una lágrima, guardó el libro en su morral y continuó con su peregrinación, depositando el libro a los pies del apóstol.