El sol del dia le cegó momentáneamente. Se puso las gafas y subió al Cadillac negro con matrícula falsa que le habían prestado para la ocasión. Encendió la radio y buscó entre las emisoras hasta que, disgustado, introdujo un a cinta de los Dire Straits y enfiló la carretera hacia su próximo destino: El Paso.
Apenas habría recorrido un centenar de kilómetros cuando una sirena lo sacó del dulce ensimismamiento que le había producido "Brothers in arms". A través del retrovisor distinguió claramente el coche de un sheriff del condado que, al parecer, le aburría esperar horas en un coche sin aire acondicionado. Lástima. Más le habría valido seguir comiendo su hamburguesa.
Rebuscó un rato en su americana hasta que encontró su cañón. Un limpio y enorme Mágnum 45, el mejor arma de América. Lo amartilló y lo dejó preparado por si la cosa se ponía fea.
El agente comenzó a hacer señales para que se detuviera. El Cadillac paró en la cuneta mientras preparaba su carnet de conducir y tanteaba en la guantera en busca de los papeles del coche. Los encontró tras apartar el sobre con los 1.500 dólares y media botella de bourbon recalentado. Tendría que comprar una nevera portátil en el próximo pueblo.
Miró de nuevo por el retrovisor y se llevó una sorpresa. No era un gordo sheriff lo que se había bajado del coche, sino una mujer. Y guapa, por cierto. Arrugó la frente. No le gustaba tener que disparar a una mujer, pero por otro lado...la carretera era una recta flecha que se perdía en el horizonte, hacía calor y los grillos zumbaban. Además "Lo importante es la misión" se recordó por décima vez en ese viaje.
La agente se aproximó al coche e indicó al conductor que conducía a una velocidad excesiva. Comprobó el carnet de conducir y los papeles del coche. Pura rutina. Cuando se alejaba, dos detonaciones cortaron el aire y la agente cayó muerta con un impacto en el pecho y otro en la cabeza. La cinta había dejado de sonar.
El conductor introdujo dos nuevas balas en el arma, se bajó del coche, depositó el cuerpo de la agente en el vehículo policial. Retiró la escopeta y prendió fuego al coche antes de ponerse de nuevo en marcha.
Mientras vehía el humo del incendio por el retrovisor, dio la vuelta a la cinta y continuó su camino. El era sólo un fantasma, no existía y cualquiera que tratara de ubicar cualquiera de sus falsas identidades sólo tenía un destino: una bala en la cabeza. Subió el volumen de la música mientras su Cadillac seguía devorando kilómetros por la carretera larga como una flecha.

Muy bueno.
Menudo cabio le has metido a tu coctelera, ha mejorado mucho!
Me gusta ;P
La historia en sí es... bueno, no está mal. Pero tienes unas cuantas faltas de ortografía, gordas, y en algunos momentos una expresión bastante corregible.
Con el tiempo se mejora.
un saludo!